(pincha en la imagen si quieres comprar)
SURREALISMO SCALA GROUP
Ning�n movimiento ha modificado tanto la creaci�n intelectual y art�stica, e incluso nuestra vida cotidiana, como el surrealismo. Su influencia abarca desde corrientes art�sticas como lo que fue el grupo Cobra al Pop Art, pasando por la Nueva Figuraci�n de los a�os 1960-1970 y la Figuraci�n libre de la d�cada de los 80. Todos los movimientos de la segunda mitad del siglo XX tienen una deuda innegable con el surrealismo. El surrealismo, como movimiento organizado, se sit�a en el espacio hist�rico de entreguerras (a�os veinte y treinta) y procede b�sicamente del dada�smo.
Andr� Breton, l�der indiscutible del dadaismo y gran te�rico, publica en 1924 el Manifiesto del surrealismo, proponiendo la siguiente definici�n:
"Automatismo ps�quico puro mediante el cual se propone expresar, sea verbalmente, sea por escrito, sea por cualquier otro medio, el funcionamiento real del pensamiento. Dictado del pensamiento, en ausencia de cualquier control ejercido por la raz�n, al margen de toda preocupaci�n est�tica o moral"..
Aunque concisa, esta definici�n se puede aplicar a numerosos sectores de la actividad intelectual.
El surrealismo aparece, pues, como una actitud de rebeld�a frente a la dictadura de la raz�n y las convenciones sociales, para ensalzar la espontaneidad y la enso�aci�n como generadoras de una creaci�n intelectual y art�stica no mediatizada. Su actividad va desde la pintura hasta el cine (Bu�uel) y en ella destacan nombres como Marcel Duchamp, Max Ernst, De Chirico, Magritte, Masson, Tanguy, as� como los espa�oles Dal� y Mir�, Dom�nguez y, al menos en parte, Picasso.
"El sue�o de la raz�n engendra monstruos".
escribi� Goya quien, por haber dado rienda libre a sus sue�os y a su imaginaci�n, conoc�a la fascinaci�n que �stos pod�an ejercer.
Los surrealistas y, antes que ellos, los dada�stas, sustray�ndose por diversos medios al control y la censura de la raz�n, se empe�aron en buscar toda una poes�a oculta. En el momento en que los poetas Breton, Soupault y Aragon dejan brotar las palabras de sus plumas sin reflexionar, cuando sue�an despiertos y como son�mbulos en medio del espect�culo de las calles, abren una v�a por la que transitar�n otros muchos artistas, cada uno a su manera. Pero son -Duchamp y los surrealistas quienes nos han mostrado cuan turbador puede ser un objeto corriente y vulgar si se mira de un modo particular.
"Ahora el sue�o, al resplandor del surrealismo, se ilumina y adquiere su significado".
escrib�a Aragon en 1924, en Une vague de r�ves. El estado del sue�o en el que se expresa libremente el inconsciente ya lo presintieron en su tiempo los rom�nticos alemanes. Posteriormente, a fines del siglo XIX, Sigmund Freud lo estudi� en medicina y formul� las teor�as y pr�cticas de psicoan�lisis. Todo ello quedaba reservado s�lo a algunos iniciados, y fueron los surrealistas, que no lo ignoraban, quienes lo pusieron al alcance de un p�blico m�s numeroso.
Si el sue�o y la exploraci�n del inconsciente son fundamentales para los surrealistas, ser�a err�neo pensar que �stos se contentan con transcribir los sue�os sobre el papel o la tela. Para un surrealista, el sue�o debe guiar la actividad en estado de vigilia. Efectivamente, es a partir de la atm�sfera y de ciertos fen�menos propios del sue�o (intemporalidad, cambio de identidad de los objetos y de los seres, simbolismo sexual, etc.) como un Dal� crea sus obras; y esto no son s�lo sue�os, sino cuadros y, en cierta manera, m�quinas de so�ar para conmover al espectador. La apariencia espectral de los cuadros de Tanguy no tienen menos de sue�o que de una especie de vida indefinida y submarina. Los elementos pintados por Magritte, por el contrario, est�n claramente definidos, pero lo que perturba el esp�ritu del espectador es el modo en que, siempre como en un sue�o, dichos elementos son ins�litamente reunidos o bien alterados en su forma y en su escala al punto de sugerir una inquietante duplicidad.
Mucho m�s que cualesquiera otros, estos pintores testimonian, seg�n Andr� Breton, la necesidad "de asegurar el cambio constante que debe producirse en el pensamiento entre el mundo exterior y el mundo interior, cambio que necesita la interpretaci�n continua de la actividad en estado de vigilia y de la actividad del sue�o".
En sus inicios, el movimiento surrealista trat� de atraerse la colaboraci�n de prestigiosos pintores veteranos que hab�an contibuido a su nacimiento: Giorgio de Chirico, Pierre Roy, Marcel Duchamp... Pero la diferencia generacional era tal, que resulta dif�cil un buen entendimiento. Algunos artistas como Picasso y Duchamp permanecieron al margen, pero conservando cierta simpat�a hacia el movimiento; otros, como Picabia y De Chirico, estuvieron brevemente integrados en el grupo surrealista para, finalmente, romper con �l bruscamente.
Este hecho no impidi�, por otra parte, que sufrieran alguna influencia. Gracias al surrealismo, De Chirico pudo renovar su "pintura metaf�sica" anterior a la Primera Guerra Mundial. Picasso, de una inteligencia siempre despierta, supo conciliar las conquistas del cubismo con las im�genes del inconsciente caracter�sticas del per�odo comprendido entre las dos guerras mundiales.
Sin embargo, el hecho de que Breton quisiera organizar el surrealismo como un movimiento estructurado y animado por una disciplina de grupo no pod�a complacer a todos los temperamentos. Por este motivo algunos pintores tuvieron unas relaciones muy distantes con el movimiento, mientras que otros se adhirieron, pero solamente durante una determinada etapa de su evoluci�n, como Alberto Giacometti en los a�os treinta. Sea como fuere, el surrealismo no podr�a ser reducido a una lista oficial de miembros aceptados por el grupo; es ante todo un estado de esp�ritu que afect� a toda una generaci�n y a�n m�s, una propuesta para enfocar de un modo diferente el mundo y la posici�n que el hombre ocupa en �l.
El Manifiesto del Surrealismo de 1924 anunciaba claramente una voluntad revolucionaria de extenderse, no s�lo a todos los campos de arte, sino al conjunto de la sociedad. Para ello contaba con la repercusi�n internacional de su acci�n. Muy pronto, en efecto, su influencia se experimentar� en todo el mundo occidental y traspasar� sus fronteras, ya que, en el transcurso de los a�os, se ir�n constituyendo diversos grupos surrealistas a lo largo del globo incluidos Jap�n y Latinoam�rica.
Inmediatamente despu�s de la creaci�n del grupo surrealista de Par�s, se form� otro en Bruselas en 1926-1927 en torno a los poetas Paul Noug� y Marcel Lecomte y el pintor Ren� Magritte.
M�s all� de esta zona de influencia francesa aparecer�n diversos grupos m�s o menos constituidos como en Espa�a con artistas del prestigio de los catalanes Mir� y Dal�, pero tambi�n de otros muchos creadores como: Remedios Var� y el canario Dom�nguez, los poetas Federico Garc�a Lorca, Rafael Alberti, Vicente Aleisandre, Lu�s Cernuda y el cineasta Lu�s Bu�uel.
M�s pr�ximo a la obediencia parisina se form� un grupo en Checoslovaquia con el poeta Viatcheslav Nezval, el pintor y collagista Jindrych Styrsky y sobre todo Toyen, artista de gran inventiva.
En el transcurso de los a�os treinta, la mayor parte de pa�ses europeos se ver�n implicados en el movimiento, desde inglaterra (donde Roland Penrose organizar� una gran exposici�n colectiva con Paul Nash principalmente), hasta los pa�ses escandinavos e incluso germ�nicos a pesar de la situaci�n pol�tica que no parec�a la m�s propicia para la expresi�n de semejante mensaje de libertad, con el alem�n Han Bellmer, el austriaco Wolfgang Paalen o el suizo Kurt Seligman, entre otros...
El mensaje surrealista alcanz� tal difusi�n y durante tanto tiempo, que corri� el riesgo de caer en el t�pico; muy pronto fue designada como surrealista toda producci�n pl�stica un tanto inesperada o dif�cilmente comprensible.
***
La herencia surrealista ha transformado asimismo nuestra manera de ver el pasado. Los surrealistas se interesaron por los signos y los s�mbolos, en especial por los relacionados con los impulsos er�ticos pero, guiados por un profundo sentido de una poes�a a�n por descubrir, nos han ense�ado tambi�n a valorar mejor unas obras tenidas hasta entonces por extravagantes, como los espl�ndidos dibujos autom�ticos de Victori Hugo o los grabados m�sticos de William Blake.
Y de un modo general, los surrealistas han pulverizado las diferencias jer�rquicas entre "el gran arte" y el "arte menor". Han insistido con vehemencia que el arte, como la poes�a, no es una profesi�n sino una vocaci�n nacida de un impulso. De ah� su inter�s por los dibujos de los ni�os, las obras de enfermos mentales o de meros aficionados.
Somos un taller de arte especializado en la reproducci�n de cuadros de la historia del arte, pintados exclusivamente a mano. Puedes ver la diferencia con una l�mina impresa en este enlace.
Tu cuadro soñado a tan sólo un clic.
Visita nuestras reproducciones