Salvador Dalí

El sueño causado por el vuelo de una abeja
Salvador Dalí
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Figueras (Gerona) 1904 – 1989

Pocos artistas del siglo XX han alcanzado la notoriedad conseguida por Salvador Dalí. Expertos, críticos, historiadores y museólogos lo reconocen por su leyenda, que ha logrado penetrar también en los ámbitos más populares de la sociedad, lo que no le ha librado de gran número de polémicas y muchas controversias, que por otro lado él mismo alimentó.

Surrealismo

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Su obra artística, literaria y mediática constituye un conglomerado compacto y desbordante de creatividad que, a pesar de no haber sido aún analizado en su totalidad, supera en calidad cualquiera de sus excentricidades.

Salvador Dalí Domènech nació el 11 de mayo de 1904 en Figueres, ciudad donde moriría el 23 de enero de 1989. Hijo de un prestigioso notario originario de Cadaqués que siempre lo vio como el doble del hermano homónimo, fallecido a los dos años de edad, lo cual le marcaría y obsesionaría durante toda su vida. Es posible que esta pérdida provocara sobre los padres una dosis suplementaria de afecto que influyera a forjar la personalidad egocéntrica y extravagante del futuro artista.

Al conocer a los 10 años la pintura de influencias impresionistas y posimpresionistas francesas del artista Ramón Pitxot comienza a pintar. De 1917 tenemos obras como “La abuela Ana cosiendo”. Cinco años después se instalaría en la Residencia de Estudiantes de Madrid para estudiar Bellas Artes donde trabaría una gran amistad con Lorca y Buñuel.

CUADROS EN LIENZO DE DALÍ

Desde los comienzos Dalí compaginó la pintura y literatura publicando poemas, reflexiones sobre su propia pintura (ver libros en el menú de la izquierda). Obras como “La miel es más dulce que la sangre” tendrán un gran componente onírico.

El año más decisivo en la vida de Dalí fue 1929 cuando viaja a París y expone por vez primera en la galería Goemans de esta ciudad. Entrará en contacto con el grupo de los surrealistas adscrito al movimiento poético artístico del mismo nombre iniciado en 1924 por escritores y pintores que concedían primacía al instinto frente  a la razón y que, amparándose en los descubrimientos de Freud y Lacan, utilizaban como vías de exploración el sueño, la hipnosis o la escritura automática. Este grupo quedó conmocionado al conocer a Dalí, a quien consideraron un surrealista avant-la-lettre, porque sus temas, paisajes, personajes e, incluso, actuaciones eran eminentemente surrealistas, fieles a la más pura paranoia, la psicopatía que se propone revelar las más profundas dimensiones y vivencias del ser.

Las dos películas que había realizado con Buñuel (Un chien andalou, guión escrito por Dalí y el cineasta y que se estrenaría ese mismo año en la capital francesa y la película “L´âge d´or”),  fueron las que realmente le abrieron las puertas del surrealismo. De igual modo, obras como “El gran masturbador”,  “El juego lúgubre”, “Placeres iluminados”, “El hombre invisible”, “La persistencia de la memoria”… y escritos teóricos como “La femme visible”, supusieron el inicio de una nueva fórmula de exploración surrealista que Dalí denominó método paranoico crítico y que definía como “un método espontáneo de conocimiento irracional”, mediante el cual sería posible “sistematizar la confusión y contribuir al descrédito total del mundo de la realidad”, porque lo inconsciente y lo consciente, el sueño y la vigilia, lo duro y lo blando, se fundirían en una superrealidad, el surrealismo, en la que caben todas las inquietudes humanas. De este modo, se construye la imagen extravagante que enseguida le aportará gran popularidad y éxito inmediato para su obra.

Esta aportación de Dalí fue muy oportuna porque llegó en el momento en que el surrealismo empezaba a languidecer a causa de conflictos más políticos que estéticos y porque actuó como una savia fresca que proporcionó un nuevo nivel teórico a esta corriente.

Antes de que aparecieran los conflictos con el grupo surrealista, los miembros que lo conformaban, profundamente atraídos por Dalí, lo siguieron hasta Cadaqués para conocer mejor su mundo y su personalidad. Fue en esta visita cuando la rusa Gala (Elena Ivanovna Diakonova), decidió abandonar a su esposo, el poeta francés Paul Éluard, para transformarse en la esposa y musa del pintor para el resto de su vida, y una figura esencial en su equilibrio psíquico y en la organización de su vida y sus negocios.

En 1934 es expulsado del grupo surrealista por el malestar que provoca en el grupo (comprometido con la izquierda), su supuesta simpatía por Hitler y su pasión por el dinero, lo que le supuso un enfrentamiento con André Breton, el patriarca del grupo, que lo anatemizó llamándolo “Avida Dollars”, anagrama compuesto con las mismas letras de su nombre, tratando de desenmascarar su pasión por el dinero. Dalí era un personaje incontrolable e imprevisible y precisamente fue esta acusada independencia la que acabó rompiendo su relación con el grupo surrealista llevándolo a definir un nuevo estilo de vida y de pintura.

Esta crisis, el afianzamiento de su propia personalidad, los problemas políticos de Europa le animaron a viajar ese mismo año, 1934, a Nueva York, donde su obra ya era conocida. Este cambio influyó en su trabajo, que tomó un nuevo rumbo, de manera que su surrealismo, cada vez más aparente que real, dio paso a su inclinación por lo adadémico y a su gusto por los pintores clásicos. Consecuentemente, en los Estados Unidos dio por acabado su periodo revolucionario e inició el denominado periodo clásico en el que, sin renunciar a referencias surrealistas, introdujo temas, personajes y modos pictóricos propios del renacimiento y simultaneó esta pintura con una frenética actividad que incluye la escritura de “Vida Secreta” (1942) y “Rostros Ocultos” (1944), dos obras fundamentales de su creación literaria.

En los Estados Unidos Dalí buscó los dólares y en 1948, cuando había logrado una gran fortuna, pudo lograr el sueño de su vida: regresar a España para instalarse en su mitificado paraíso, Portlligat, cerca de Cadaqués. Precisamente en este mismo año se reconciliaría con su padre con el que había roto toda relación desde 1929.

Las creaciones de los años cincuenta nos demuestran cómo se reafirmó en su clasicismo y en un retorno al realismo, tanto en las formas como en los colores y, sobre todo, en los temas, aunque sin prescindir de los enigmas, símbolos y citas clásicas que siempre lo habían caracterizado. Por otro lado se fue acrecentando su inclinación por los temas religiosos, de manera que cada vez encontramos más referencias a San Juan de la Cruz, a Santa Teresa de Ávila y a San Ignacio de Loyola, incluso presentó en París en 1951 un Manifiesto Místico con el que abrió un periodo que tiene su expresión en obras como: “la Madonna de Portlligat” o “El Cristo de San Juan de la Cruz”, entre otras y que, en general, contienen grandes efectos de perspectiva, una concepción clásica de la composición y un claroscuro de  inspiración barroca.

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Esta rama ascética de Dalí no debe hacernos pensar que se abstraía del mundo. Contrariamente, a partir de la II Guerra Mundial, parece que su obra también querrá reflejar el día a día. Así obras como “Idilio atómico y uranio melancólico”, “Leda atómica” o “Las tres esfinges de Bikini“, manifiestan muy bien el impacto que le produjo la bomba atómica de Hiroshima y la evolución de las ciencias y los descubrimientos científicos ligados a la física nuclear lo llevó a interesarse por la desintegración del átomo y reflejarlo en obras como “Galatea de las esferas”, sin olvidar toda la reflexión que hizo en torno a los primeros estudios sobre el ADN, el nacimiento de la holografía, el pop y el op art, la teoría de las catástrofes, la mecánica cuántica o la ecología, que progresivamente fue citando en sus pinturas e incorporando a su museo de Figueres, inaugurado en 1974, sin duda, su obra póstuma, donde concentró todo su imaginario. Dalí no aspiraba a tener un museo convencional, quería que la posteridad le recordara a través de un auténtico pandemónium, lo que logró con creces con el Teatre-Museu de Figueres.

Su actividad artística igualmente se extenderá a otros campos como la escenografía teatral, el diseño de joyas… Sus últimos años, muy activos hasta el fallecimiento de Gala en 1982, los consagrará a su museo de Figueras y a centrarse, cada vez más, en los grandes maestros de la Historia de la Pintura como Miguel Ángel o Velázquez. Finalmente fallecería en su Figueras el 23 de enero de 1989.

Salvador Dalí se reclama devoto del sueño y del delirio. Sus visiones de naturaleza mórbida y de un erotismo insistente recuperan los grandes mitos de nuestra civilización y nuestro arte. “Dalí, innovador y renovador, ha restablecido las grandes tradiciones, los grandes mitos”, proclamaba el escritor francés y también integrante del movimiento surrealista, René Crevel. En este sentido, Dalí no es solamente tradicional en su técnica pictórica; a pesar de las apariencias, lo es también en la mirada profunda con que observa el mundo.

Puede decirse que la obra de este gran artista bucea permanentemente en las fuentes de la memoria, los sueños y las obsesiones personales. El método paranoico-crítico y el lenguaje de la tradición pictórica se convierten en las herramientas de las que se vale para dar a ese mundo un valor universal.

A manera de conclusión, solía decir:

“La única diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco”.

Por ello, al contemplar retrospectivamente su obra y analizar su fértil e ingente creación es fácil percatarse de que Dalí no estaba loco, sino que simplemente fue una figura estelar del siglo XX, que se propuso ser genial y lo consiguió.

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