Michelangelo Buonnarotti (Caprese, 1475 - Roma, 1564), conocido como Miguel Ángel, fue un arquitecto, escultor y pintor italiano renacentista, considerado uno de los más grandes artistas de la historia. La longevidad y el genio de este gran artista, su evolución personal y los cambios históricos a los que asiste, le convierten en uno de los máximos exponentes del clasicismo renacentista y, al mismo tiempo, en el iniciador de su disolución formal que llevará al manierismo.
Formado en Florencia, encontrará su verdadera vocación por el arte escultórico. La Piedad (de impecable perfección), El David (el nuevo Hércules, espejo de fuerza y virtud), El Moisés (síntesis entre la vida activa y contemplativa) y la evolución hacia la espiritualidad como en La Pietá Rondanini.
Entre 1508-1512 pintará la bóveda de la Capilla Sixtina, con un inmenso programa iconográfico que resume la historia de la salvación, desde la creación del mundo y del hombre hasta los prolegómenos de la venida de Cristo. Sus figuras parecen querer liberarse de su marco espacial, creando una atmósfera envolvente. Sus cuerpos de colores fuertemente contrastados, que nos remiten no tanto a su belleza como a sus conceptos (Dios creando el mundo, al hombre, el pecado, el diluvio, los profetas, las sibilas), recreando una realidad transcendente.
Entre 1536 y 1541 pinta en la Capilla Sixtina El Juicio Final, que será el punto final del clasicismo y el abandono absoluto de las ideas platónicas. Es la hora del juicio, del Cristo-Apolo terrible, justiciero. No existe perspectiva, ni serenidad, impera la agitación y la confusión.
Murió sumergido entre dudas sobre si su arte habría sido pecado, volviéndose cada vez más exigente en sus opiniones, distanciándose de la estimación que el mundo le profesaba.
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