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Con Tiziano la importancia del color y la luz alcanza su cl�max. Ese concepto clasicista de la representaci�n del espacio queda alterado, la perspectiva deja de ser el armaz�n que facilita la visi�n natural, dando paso al propio color, a las masas luminosas y los infinitos matices de sombras y luces. Este sentido colorista y a la vez solemne se ver� reflejado en su obra religiosa, como La Asunci�n. Los cuerpos de los �ngeles, santos, de la virgen� crean el espacio sin la necesidad de utilizar otro tipo de soporte visual, sin perspectiva ni naturaleza, s�lo el color y el movimiento, en vivos contrastes luminosos, configuran el orden del propio lienzo.
Su pintura contin�a esa interpretaci�n de la Antig�edad iniciada por su condisc�pulo Giorgione, pero con una visi�n m�s extravertida, agitada� donde los l�mites del equilibrio cl�sico quedan transgredidos. La sensualidad de sus figuras mitol�gicas se muestra de forma directa o, igualmente con una delicada sutileza como en la Venus de Urbino.
Gracias a su genio como retratista alcanza fama internacional convirti�ndose en el preferido de los nobles, papas y reyes, como Carlos V y Felipe II. En sus retratos se permite reflejar en los rostros y actitudes de sus personajes, la profundizaci�n de los rasgos psicol�gicos.
La larga vida de Tiziano posibilit� que su pintura experimentara una importante transformaci�n. Desde el clasicismo de su etapa inicial hacia las formas m�s expresivas, jugando gracias a su prestigio un papel importante en la estimaci�n del movimiento del modelo veneciano frente a los impositivos intentos florentinos.
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