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El Bosco aparece confusamente moderno a los ojos actuales. Con una imaginaci�n libre, ir�nica y siniestra. Nos ofrece, a trav�s de su visi�n particular sobre el hombre y la naturaleza, imbuida de un profundo sentimiento religioso y oculto a la vez, la locura, el pecado, tal vez el sue�o, la vida, la muerte, el tormento eterno, quiz� el para�so�
Son algunos de los temas que plasma sobre sus pinturas casi so�adas. Esas formas, sus formas perfectamente proporcionadas transitando por paisajes fant�sticos. El s�mbolo se hace patente y se resiste a revelar sus significados.
Realizar� una versi�n pl�stica de la obra de Erasmo "Elogio de la locura" en su pintura "La nave de los locos", donde resalta la imagen de estos idos navegando libres, pero al mismo tiempo quedando prisioneros de su propia nave, la locura.
Cuando la po�tica manierista impone el gusto por lo raro, lo ins�lito y lo monstruoso� no extra�a que El Bosco sea uno de los pintores predilectos de Felipe II y que sus cuadros adornen tantas salas de El Escorial. Este artista parte en su obra de la consideraci�n de la animalidad del hombre, de la locura� como v�as para llegar a la verdad que, frente al equilibrio y serenidad dados por los temas religiosos de otros pintores de su �poca, vincular�, por contra, lo religioso con una realidad distorsionada, que dar� ocasi�n al artista de traducir en formas pl�sticas una mentalidad y unas formas de pensamiento colectivas y reprimidas de esa �poca.
Dotado de una gran fantas�a y muy enraizado en las tradiciones populares de su tierra, tuvo la ingeniosa habilidad de saber transmitir la profunda inquietud religiosa, angustiada por el sentido del pecado.
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