Miguel Ángel

Miguel Ángel
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Michelangelo Buonarotti

Caprese, 1475 – Roma, 1564

Michelangelo Buonnarotti, conocido como Miguel Ángel, fue un arquitecto, escultor y pintor italiano renacentista, considerado uno de los más grandes artistas de la historia, tanto por sus esculturas como por sus pinturas y obra arquitectónica. La longevidad y el genio de este gran artista, su evolución personal y los cambios históricos a los que asiste, le convierten en uno de los máximos exponentes del clasicismo renacentista y, al mismo tiempo, en el iniciador de su disolución formal que llevará al manierismo.

CUADROS EN LIENZO DE MIGUEL ÁNGEL

 

Formado en Florencia, en el taller de Ghirlandaio (pintor cuatrocentista italiano), que pronto abandonará para dedicarse al aprendizaje de la escultura en el taller de un discípulo de Donatello. A partir de ese momento su verdadera vocación y pasión será el arte escultórico. Bajo la protección de Lorenzo de Médicis, entra en contacto con el núcleo neoplatónico, cuyas ideas comparte. Influido por las prédicas apocalípticas de Savonarola (religioso dominico, predicador italiano, confesor del gobernador de Florencia Lorenzo de Médici, organizador de las célebres hogueras de vanidad -o “quema de vanidades“-, donde los florentinos estaban invitados a arrojar sus objetos de lujo, además de libros que él consideraba licenciosos), Miguel Ángel vive intensamente su religiosidad, si bien sin caer en los excesos de Botticelli.

En 1496 viaja a Roma, donde más tarde el cardenal de San Dionisio de París le encarga “La Piedad“. Esta obra la realiza cuando apenas contaba veintitrés años. El desnudo cadavérico de Cristo yacente en el regazo de la Virgen es una impecable muestra de perfección, verismo y dominio anatómico.

De vuelta a Florencia en 1510, esculpe “El David”, imagen que plasma la visión del Renacimiento clásico sobre el ideal heroico de la Antigüedad. El David, que debía situarse frente al palacio de la Signoria, representa la fortaleza y la justicia necesarias para gobernar rectamente la ciudad, pero su rostro también refleja la ira del ciudadano ante la injusticia. David, personaje de la historia judeocristiana, se representa aquí como un nuevo Hércules, espejo de fuerza y, al mismo tiempo, de virtud.

PINTURA DE MIGUEL ÁNGEL

Para su amigo Angelo Doni pintará una Sagrada Familia, conocida con el nombre de “Tondo Doni” por su forma circular. En esta obra, Miguel Ángel nos ofrece su particular interpretación sobre la historia, analizando el problema de la conexión y continuidad entre la historia profana y la historia cristiana.

En 1503 sube al pontificado Julio II, que llama a Miguel Ángel para encargarle la realización de su sepultura, si bien a causa de diversos avatares e intrigas, pospondrá sucesivamente durante bastantes años.

En 1508 empieza a pintar la bóveda de la Capilla Sixtina, obra que emprende y ejecuta en cuatro largos años, cubriendo una superficie de más de mil metros cuadrados. En este ingente trabajo pictórico desarrolla un inmenso programa iconográfico en el que compendia toda la historia de la salvación, desde la creación del mundo y del hombre hasta los prolegómenos de la venida de Cristo. Para ello, crea toda una composición arquitectónica simulada, que divide la bóveda en diferentes secciones. Las figuras parecen querer liberarse de su marco espacial. La ausencia de un espacio prospéctico, como de una atmósfera envolvente, es sustituida por la plenitud anatómica de unos cuerpos de colores fuertemente contrastados, que nos remiten no tanto a la belleza de las formas como a la de los conceptos. La acción de Dios creando el mundo, la creación de Adán, el pecado, el diluvio, los profetas que anuncian la llegada del Enviado, las sibilas que prefiguran el mundo pagano, el tiempo histórico en el que la venida se hace historia real. Con todo ello, Miguel Ángel recrea una realidad trascendente.

En 1512 termina la bóveda de la Capilla Sixtina; al año siguiente muere Julio II y le sustituye León X. Será en estos momentos cuando empiece a dedicarse a la obra del Mausoleo de Julio II. Amplía este proyecto y decide realizar treinta y dos grandes esculturas. “El Moisés” estaba destinado a ser una de las cinco estatuas colosales, pero debido a que la obra nunca se finalizó, hoy ha quedado como la principal. El proyecto consiste en una mezcla entre tumba y mausoleo adosado al muro, con todo un repertorio de esculturas alegóricas: la alegría, las lamentaciones, esclavos (en los que destacamos la escultura del “Esclavo Moribundo”), Moisés, San Pablo… todo ello se conjunta en una perfecta simbiosis entre imágenes y contenidos cristianos y paganos, sobre todo de raíz platónica. “El Moisés” se convierte en un ejemplo de la terrebilitá miguelangelesca, que no es otra cosa que la síntesis entre la vida activa y contemplativa, la fuerza arrebatadora del que posee la gracia espiritual y es elevado hacia lo supraterreno.

En 1520 el cardenal Giulio de Médicis le encarga la construcción de la Sacristía Nueva de San Lorenzo en Florencia, para albergar los sepulcros de la familia. En su arquitectura y en la escalera y la biblioteca laurenciana introduce una serie de elementos que preludian el manierismo.

Las esculturas de Giuliano y Lorenzo, así como las imágenes alegóricas de la Aurora, el Día, la Tarde y la Noche, junto con otras, se inscriben en lo que es la última obra de Miguel ángel, de claro contenido neoplatónico semejante a las del mausoleo de Julio II. Pero aquí se ha suprimido la idea del triunfo sobre la muerte y, en su lugar, proyecta casi exclusivamente una idea religiosa; la muerte como momento de rendir cuentas.

Entre 1536 y 1541, pinta en la Capilla Sixtina “El Juicio Final”, que será el punto final del clasicismo y abandono absoluto de las ideas platónicas. Esta obra marca la crisis definitiva de toda idea de concordia entre Antigüedad y cristianismo. Miguel Ángel cierra el ciclo iniciado en torno a la historia de la salvación. Es la hora del juicio, del Cristo-Apolo terrible, justiciero e implacable. No existe perspectiva, ni serenidad, ni espacio unitario, ni construcción científica. Por todas partes impera la agitación, el movimiento constante, la confusión del drama y la tragedia que acontece en una especie de gran catástrofe.

ESCULTURA DE MIGUEL ÁNGEL

Hacia 1546 Paulo III pone a Miguel Ángel al frente de las obras arquitectónicas de la ciudad de Roma. A él se debe la conclusión de la Cúpula de San Pedro del Vaticano. Respetando el plan central de Bramante, construirá una inmensa cúpula hemiesférica en el interior, y ligeramente apuntada en el exterior. Las teorías perspectivas del clasicismo son rechazadas por Miguel Ángel en la creación urbanística de la plaza del Capitolio. De planta trapezoidal y decoración ovoide en el suelo, produce una sensación de atracción y rechazo al mismo tiempo. El lenguaje es totalmente anteclásico, tanto por los elementos citados como por las características de las escalinatas de los edificios.

La descarnada espiritualidad, la desconfianza hacia cualquier tipo de representación de belleza ideal del cuerpo humano o de la naturaleza, le llevan hacia la única verdad, la interior, la belleza de la íntima contemplación de Dios. La forma artística parece que ya no puede expresar la idea de belleza, pues ésta es inaprensible a través de los sentidos. Así surgió “La Pietá Rondanini“, una de sus últimas obras.

Mientras príncipes y papas se sobrepujaban unos a otros en asegurarse los servicios del ya anciano maestro, éste parecía concentrarse cada vez más en sí y volverse más exigente en sus opiniones. Los poemas que escribió muestran que se hallaba obsesionado por las dudas de si su parte habría sido pecado, mientras que sus cartas evidenciaban que cuanto más aumentaba la estimación del mundo, más amargado y extraño se volvía.

En estos años mantendrá una cercana amistad con la poetisa Vittoria Colonna, mujer de místico temperamento que llevará a Miguel Ángel a expresar en sus obras y escritos una dolorosa fe, manifestando un ineludible deseo de penitencia. “En cada una de sus pinceladas y martillazos vibra el espíritu del artista por excelencia, en su más doble dignidad y en su más elevada pureza” dijo Goethe. La fama del maestro alcanzó elevadas cotas en los últimos años de su vida, siendo nombrado “jefe” de la Academia de Dibujo de Florencia. Vasari, en sus famosas “Vidas”, y Ascanio Condivi, con su biografía, le encumbrarán. El artista de la “terribilità“, que con 89 años sus manos no le obedecían, temblorosas y agotadas por el continuo crear, decía con triste y resignada sonrisa: “las manos de la muerte son eternas, y ya siento que me agarran por el manto“.

Fallecería en Roma el 18 de febrero de 1564 a la edad de 89 años. Su sobrino Leonardo llevará en secreto el cadáver del genio hasta Florencia en el mes de marzo, de acuerdo con su voluntad, celebrándose solemnes funerales por su alma en la iglesia de San Lorenzo, antes de ser enterrado en Santa Croce.

CUADROS EN LIENZO DE MIGUEL ÁNGEL

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