Cuadros de Mariano Fortuny y Marsal

Cuadros de Mariano Fortuny y Marsal
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Reus, 1838 – Roma, 1874

Mariano José María Bernardo Fortuny y Marsal (Reus. 11 de junio de 1838 – Roma,  21 de noviembre de 1874), más conocido como Mariano Fortuny, será uno de los más destacados pintores españoles del siglo XIX.

Su estilo pictórico y ejecución virtuosa marcó a una generación de pintores europeos. En su juventud vivió del Romanticismo y Realismo, tocando los temas neoclásicos. En su viaje a Marruecos para pintar la Guerra Española-Marroquí, es cuando se define su estilo de carácter impresionista.

A la edad de treinta y tres años ya gozaba de una reputación internacional pasando parte de su vida viajando entre Italia, España y Francia.

LÁMINAS DE FORTUNY

Sus pinturas sobre temas árabes, sus recreaciones nostálgicas de la vida cortesana del siglo XVIII y sus paisajes luminosos encantaron a críticos de arte y coleccionistas que pagaban por sus obras precios astronómicos. El crítico Théophile Gautier escribió de él que “como grabador es equivalente a Goya y cercano a Rembrandt”, mientras que el pintor Henri Regnault exclamó en una carta a su amigo:

“Es un maestro para todos nosotros. Si sólo pudieras ver las dos o tres obras que está completando en estos momentos y las acuarelas que ha hecho recientemente. Me hace sentirme asqueado de mí mismo… Fortuny, me produce noches de insomnio”.

Abandona París en 1870 tras el estallido de la guerra franco-prusiana, regresando a España para fijar finalmente su residencia en Granada. Aquí, Fortuny aliviado de las obligaciones y cargas de un pintor de éxito, será un hombre feliz. Podrá pintar con suma libertad, sin agobios. El pintor es consciente de que su pintura, la que a él le gusta realmente hacer, se resiente del éxito de sus cuadros de tema dieciochesco.

Granada supondrá una mayor libertad; pintar al aire libre con la luminosidad y las fuertes sombras de la luz local, marcará la obra de sus últimos años. Volverá con fuerza al tema orientalista norteafricano -Granada era una ciudad exótica y pintoresca, llena de vestigios de su pasado árabe-. El orientalismo de Fortuny no es el orientalismo decadente e idealizado de muchos de sus contemporáneos sino mucho más natural y próximo, ya que lo conoce de primera mano desde sus estancias en Marruecos.

Fortuny se interesa en la representación realista de personajes y ambientes, en los efectos de luz y en la reconstrucción veraz de la arquitectura y los elementos que incorporará en sus cuadros como objetos, armas, telas y trajes.

La afición de Fortuny por los objetos iba más allá del puro coleccionismo, le fascinaba la habilidad con que los artesanos manejaban la técnica. Diseñará algunas armas, llegó a precisar en la forja y en trabajos de restauración y aprendió la técnica del esmalte para cerámica.

El estudio de Fortuny estaba repleto, con horror vacui, de tapices, lámparas, cerámicas, armaduras, telas, cuadros, objetos de todo tipo que había ido acumulando en todas las ciudades donde vivió o viajó. Era como si hubiera querido recrear el Oriente exótico y deslumbrante no sólo en sus cuadros sino en su espacio vital, su casa-estudio.

Ya no era necesario viajar a Oriente, porque el Oriente estaba en su propio hábitat.

A finales de 1872, la familia Fortuny está de regreso en Roma, donde se instala en una preciosa villa (Villa Martinori), junto a su estudio de la vía Flaminia. Fortuny siente nostalgia no solo por Granada sino por lo que Granada ha supuesto y busca consuelo en Nápoles donde alquila una casa en la Playa de Portici. Ahora la felicidad y la libertad de Granada y se rodea de familiares y amigos pintores. El pleinairismo de Portici incluye como protagonista al mar y los cielos de nubes algodonosas del Sur y su luz mediterránea. Su obra “El desnudo en la playa de Portici” (probablemente el de su hijo Mariano), parece anunciar a Sorolla. Allí pintará, igualmente, una de sus obras más personales e innovadoras: “Los hijos del pintor en un salón japonés”, un puro ejercicio de pintura donde su hijo aparece premonitoriamente manipulando con actitud amorosa y concentrada una tela, probablemente de la colección paterna.

Después de una rápida enfermedad -las causas reales de su muerte siguen siendo un misterio-, fallece el 21 de noviembre de 1974 en Roma a la temprana edad de 36 años, en pleno apogeo de su brillante carrera.

Sus dos últimas obras, ya mencionadas: “Los hijos del pintor en un salón japonés” o “Desnudo en la playa de Portici” vislumbra un nuevo estilo propio, preciosista, lleno de detalles y luces, que hubiese podido revolucionar la pintura de la época de haber seguido vivo. De pincelada suelta y con ciertas influencias de la pintura japonesa, sus últimas obras se observan con los ojos actuales, moderna y adelantada a su tiempo.

LÁMINAS DE FORTUNY

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