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Hijo de padres italianos, en Atenas conoce a fondo la cultura cl�sica que tanto admira. Formado como pintor en el romanticismo n�rdico, en 1906 viajar� a M�nich. Gran admirador de la obra de Nietzsche y Schopenhauer, asume sus ideas traslad�ndolas al arte de forma personalista. Posteriormente, en Florencia, pintar� sus primeras obras con sombras alargadas, plazas vac�as, esculturas cl�sicas aisladas, con una aplicaci�n rigurosa de la perspectiva renacentista, enmarcado todo ello en una triste atm�sfera, como el �Enigma de la fatalidad�.
En Par�s, hacia 1911, no se interesa por las vanguardias, sino por las obras cl�sicas del Museo del Louvre (de los pintores franceses Claudio de Lorena o Nicol�s Poussin). Al ser movilizado a Italia por la guerra, conoce al pintor italiano Carlo Carr� y ambos fundan la asociaci�n �Scuola Metaf�sica�. En este periodo comienzan a aparecer en la obra de ambos los maniqu�es tan caracter�sticos.
La pintura de Chirico sorprende por la sensaci�n de soledad, melancol�a, donde realidad y sue�os se mezclan, en un marco compositivo tradicional, revalorizando el pasado. En �Las musas inquietantes�, se contempla como fondo el paisaje urbano de Ferrara medieval y algunas f�bricas, tema frecuentemente repetido, y estatuas y objetos en primer plano, con un punto de fuga al fondo, a la manera renacentista. Las impresiones son siempre las mismas al contemplar sus obras.
Esta pintura influir� en el surrealismo. Desde 1930, De Chirico retorna al academicismo realizando retratos. En Italia, el movimiento se hace extensivo a otros pintores como Morandi que se caracterizar� por sus bodegones y naturalezas muertas.
La pintura metaf�sica de Giorgio de Chirico cumpli� un papel fundamental: la codificaci�n de un lugar ideal y nuevo, sintom�ticamente vac�o, lleno de referencias cl�sicas en las que la perspectiva era reutilizada como la mejor forma para dejar que el pensamiento ocupase los espacios.
Muchos pintores citaron insistentemente los elementos t�picos de la obra de De Chirico, qui�n lograr�a aglutinar en Italia a algunos artistas que compart�an esa po�tica del silencio del crep�sculo, relativamente ajena al surrealismo.
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